Lo decía en contraposición a la ilusión de su hija pequeña ante la llegada de Papá Noel y Reyes.Su autismo le roba la magia de estas fiestas. La mañana de Navidad y de Reyes son uno de esos momentos que desearías con todas tus fuerzas que el autismo ladrón de ilusiones (y de tantas otras cosas) desapareciera.
A mi este párrafo me ha hecho reflexionar. Bastante.
Es innegable que hay ocasiones en que se nos antojan especialmente duras las diferencias de nuestros hijos, y una de ellas es la Navidad. Esto sucede porque aunque se predique lo del espíritu navideño per se y las fiestas familiares, actualmente están muy dirigidas hacia los niños, y también al consumismo (cosa que con la crisis, empieza a cambiar). Para los niños, es un período mágico en que montamos el árbol, el belén, y unos seres fantásticos les traen juguetes.
A mi me parece maravillosa esa magia, esa ilusión y el disfrute de la inocencia.
Este año la he vivido intensamente a través de Carolina, que con casi 5 años está "en el momento" para esto. Lo de los juguetes es la clave: a mi hija le da igual si los trae un señor vestido de rojo, tres tipos en camello o una danzarina exótica... a ella lo que le fascina es la parte mágica en que "alguien" por la noche le trae ¡juguetes! (y bueno, la parafernalia de la comida para los camellos, o si parece que se oyen los cascabeles de los renos le gusta, porque alimenta toda la historia que tiene en su cabeza, por supuesto).
Y es verdad que me gustaría que Mateo lo disfrutara igual, y no es así. Pero pensando en ello, me doy cuenta de que es A MI a quien le gustaría que él disfrutara de ello. Él no tiene ese sentimiento de pérdida, y disfruta muchísimo, aunque no sienta esa ilusión de algo que no entiende.
Disfruta de que nos reunamos todos, de que pasemos tiempo juntos y hagamos cosas distintas (como sucede en vacaciones). Si acertamos (cosa que con el tiempo vamos afinando), disfruta mucho con sus regalos, aunque no viva esa emoción anticipada de saber que van a venir los Reyes Magos.También es verdad que a medida que evolucionan, van comprendiendo mejor las cosas. Este año, por ejemplo, ha sido el primero en que Mateo ha abierto alguno de sus regalos, y se ha puesto a jugar con ellos inmediatamente (cosa que hasta ahora no sucedía).
Creo que parte de esa pena de pensar que no vive la misma ilusión que los demás, está influenciada por todo el entorno, porque todos esperan que él, como niño, lo viva de ese modo. Y él, simplemente, no lo hace así. Pero lo vive y disfruta a su manera.
Yo me quedo con eso.
Con eso, y con los comentarios de algunos papás que cuentan cómo a medida que crecen, sus hijos con autismo SÍ esperan con ilusión la Navidad y la llegada de los Reyes. O que por fin este año han ido a la cabalgata, o le dan dado un beso a su Rey favorito...
Porque eso también sucede. Tal vez más tarde, pero sucede: son nuestros niños los que le van robando poco a poco cosas a su autismo ;-)











