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Las apariencias engañan
Rocio | viernes, 16 de diciembre de 2016 | Etiquetas: concienciación, diagnóstico, emociones, etiquetas, lectura, visibilidad
- "Mamá,cámbiame la actitud, para ir al cole contenta..."
Como si fuera una camiseta.
Generalmente, que las dificultades sean menos visibles, no significa que no existan, que no se conviertan en muros difíciles de escalar.
Lo dice la "E" del TEA, eso del "espectro", significa que no hay dos iguales (¡qué me van a contar!) y que cada uno tiene sus necesidades, pero cuando no son tan evidentes, a la gente le cuesta bastante entender que son igual de reales e importantes. Lo son, y mucho.
Y es una gran ventaja que sea consciente para intentar poner solución (y buscar sus estrategias, que son realmente ingeniosas), o pedir ayuda si no sabe cómo, tal y como refleja esa frase y otras que escucho a diario (que son fruto de años de trabajo de grandísimas profesionales, sin lugar a dudas, que continuamos día a día), pero de igual modo esa consciencia produce fundamentalmente ansiedad, el gran caballo de batalla tan bien reflejado en el libro de Isabel de Paula, La ansiedad en el autismo. En este caso, hay constante anticipación a lo que puede salir de modo no deseado y gran angustia sobre lo que no se puede controlar, y como resultado de esa suma, una gran inflexibilidad a los cambios.
Del mismo modo que veo los tremendos esfuerzos ante grandes retos en el caso de uno, veo esos mismos esfuerzos afrontando su singularidad en el caso de otra (porque la actitud, como tantas otras cosas, no es una camiseta que yo pueda "cambiarte" -ojalá fuera así de sencillo-, es un proceso que cada uno debe hacer; lo que sí tendrás siempre es todo mi corazón en el empeño de ayudarte a conseguirlo y la confianza en que eres capaz de lograr lo que quieras).
Por fortuna, cada vez se encuentra un poco más de información sobre mujeres y TEA, y hay una emergente conciencia sobre las "chicas aspie" (no sé si usar el término Asperger, que el DSM-V parece que ha desterrado, aunque sea el que mejor describe el caso), más visibilidad, más voces mostrando la realidad diversa que se oculta bajo una apariencia de "peculiaridad".
Las mujeres somos distintas en muchas cosas, y en esto también, por eso toda esta visibilidad es tan necesaria, por eso merece la pena poner el foco en esta otra parte del espectro.
No nos gustan las etiquetas, pero al menos a mi esa me parece mucho más aclaratoria que las de "caprichosa", "malcriada", "extravagante" o "difícil" que muchas de estas niñas (y luego, chicas, y mujeres) suelen injustamente recibir.
Cada vez que logras rasgar esa ansiedad y abrirte paso a través de ella, descubrimos un mundo genuino y sorprendente. Peculiar. Maravilloso. Como tú.
Para saber más:
MujeresTEA
Autism in Pink
Háblame de las mariposas
MuNDo AsPeRGeR
The Curly Hair Project
No todos los profesionales son iguales.
Rocio | jueves, 28 de mayo de 2015 | Etiquetas: diagnóstico, etiquetas, indignación, tribu
Me han contado el caso de una mamá a la que una persona profesional en el diagnóstico diferencial y en intervención del TEA (se supone) le ha dicho que su hijo tiene síndrome de Asperger. Con 3 años.
Esta mamá lo contaba aliviada, porque claro, "el Asperger tiene más posibilidades de recuperación".
Y claro, no doy crédito.
En primer lugar, porque con 3 años muchas características se enmascaran, y será la evolución del propio niño la que llevará a definir mejor el diagnóstico, que no se afina hasta que tiene más edad. Que esto no lo aclare el profesional a una madre "novel" y preocupada me parece de una falta de profesionalidad alarmante.
En segundo, porque lo de las "posibilidades de recuperación"me parece directamente que es falta de ética. Y no digo que ese niño no vaya a evolucionar positivamente, y mucho (ojalá muchísimo), pero si realmente se trata de un trastorno del neurodesarrollo, es una condición de por vida, y la palabra "recuperación" en este contexto va a ser interpretada de manera literal. Y aunque hay modos de decir las cosas con mayor suavidad y empatía, y así debe hacerse, lo que no se puede es ocultar la verdad. Y si la verdad es que no está claro el diagnóstico, asúmelo y dilo.
Pensando en ello, se me ocurre (porque trato de buscar una explicación) que igual ese niño puede no estar realmente dentro del TEA y es el modo de no pillarse los dedos... pero no puedo entender que un profesional cualificado, que debe de ser nuestro mayor apoyo en cuanto a información fiable y contrastada y a fijar expectativas respecto a la intervención (expectativas inmediatas, las otras ante niños tan pequeños son pura elucubración), de ese tipo de respuesta.
Y no es el primer caso que conozco.
Esto además, nos pone a otros padres en la tesitura de qué respuesta dar a esa familia cuando viene a consultarnos. Porque es un profesional quien les ha dado ese diagnóstico, y tú, solo un padre como ellos...
Cuando nos preguntan, como padres, a dónde acudir para un diagnóstico o para intervención, y damos varias opciones (y no otras), tiene su razón de ser. Pero nosotros no podemos suplir la falta de control de calidad por parte de la Conselleria de Sanitat (que la mayoría de los propios gabinetes reclaman) y al final, como siempre, las perjudicadas son las familias.
Esta mamá lo contaba aliviada, porque claro, "el Asperger tiene más posibilidades de recuperación".
Y claro, no doy crédito.
En primer lugar, porque con 3 años muchas características se enmascaran, y será la evolución del propio niño la que llevará a definir mejor el diagnóstico, que no se afina hasta que tiene más edad. Que esto no lo aclare el profesional a una madre "novel" y preocupada me parece de una falta de profesionalidad alarmante.
En segundo, porque lo de las "posibilidades de recuperación"me parece directamente que es falta de ética. Y no digo que ese niño no vaya a evolucionar positivamente, y mucho (ojalá muchísimo), pero si realmente se trata de un trastorno del neurodesarrollo, es una condición de por vida, y la palabra "recuperación" en este contexto va a ser interpretada de manera literal. Y aunque hay modos de decir las cosas con mayor suavidad y empatía, y así debe hacerse, lo que no se puede es ocultar la verdad. Y si la verdad es que no está claro el diagnóstico, asúmelo y dilo.
Pensando en ello, se me ocurre (porque trato de buscar una explicación) que igual ese niño puede no estar realmente dentro del TEA y es el modo de no pillarse los dedos... pero no puedo entender que un profesional cualificado, que debe de ser nuestro mayor apoyo en cuanto a información fiable y contrastada y a fijar expectativas respecto a la intervención (expectativas inmediatas, las otras ante niños tan pequeños son pura elucubración), de ese tipo de respuesta.
Y no es el primer caso que conozco.
Esto además, nos pone a otros padres en la tesitura de qué respuesta dar a esa familia cuando viene a consultarnos. Porque es un profesional quien les ha dado ese diagnóstico, y tú, solo un padre como ellos...
Cuando nos preguntan, como padres, a dónde acudir para un diagnóstico o para intervención, y damos varias opciones (y no otras), tiene su razón de ser. Pero nosotros no podemos suplir la falta de control de calidad por parte de la Conselleria de Sanitat (que la mayoría de los propios gabinetes reclaman) y al final, como siempre, las perjudicadas son las familias.
novel (adjetivo/nombre común)
- [persona] Que es nuevo en una situación o una actividad determinadas, por lo que carece de experiencia.
Las familias de niños con autismo ganan la batalla contra el Diccionario
Rocio | miércoles, 22 de febrero de 2012 | Etiquetas: derechos, etiquetas, tribu
(Copio la nota de prensa de la Agencia EFE, a modo de celebración y para recordarnos que no hay que dar por supuesto que no podemos escalar ciertos muros. Todo es ponerse...)
Las familias de niños con autismo ganan la batalla contra el Diccionario
Artículo de Ana Rodrigo
Madrid, 19 feb (EFE).- Una definición en el Diccionario no cambia la vida de miles de niños diagnosticados de autismo, pero bien vale una batalla lingüística para defender su dignidad, iniciada por un grupo de familias hace más de tres años con la Real Academia Española, que están muy cerca de ganarla.
Han conseguido el compromiso de la RAE de incluir una nueva definición de autismo en la actualización de su edición impresa, en 2014, que debe ser consensuada con las 21 Academias de la Lengua Española restantes, explica a Efe un portavoz de la institución.
En la nueva definición, se eliminaría que el síndrome esté caracterizado por "la incapacidad congénita de establecer contacto verbal y afectivo con las personas", que tanto ofende a muchas familias cuando lo leen ahora en el Diccionario, ya que recuerdan el contacto y la comunicación que mantienen "de una manera especial" con sus hijos.
A su ritmo, la Academia va adaptar su definición -que contenta más a familias y a sociedades médicas-, calificándolo como un "trastorno del desarrollo que afecta a la comunicación y a la interacción social, caracterizado por patrones de comportamiento restringidos, repetitivos y estereotipados".
"Un niño con autismo nos puede mostrar su afecto estando tranquilo o jugando de forma repetida con un juguete; tenemos que aprender a interpretar sus signos, que están escritos en un lenguaje distinto, para saber si realmente están o no están a gusto", explica a Efe el doctor Celso Arango.
Jefe del servicio de psiquiatría infantil del Gregorio Marañón y director del CIBERSAM (Centro de Investigación Biomédica en Red en el Área de Salud Mental), el especialista nos pone un ejemplo: "si a una persona adulta autista se le muere un familiar, igual no llora, ni muestra melancolía o tristeza, pero deja de dormir bien por la noches o se muestra irritado o agitado porque algo que estaba presente se ha marchado y le genera cierta ansiedad".
La batalla de las familias para eliminar la definición "incorrecta" -lideradas por plataformas como "Contra los mitos del autismo" o "AutismoDiario.org"- se ha centrado en esa idea: convencer a la RAE de que las personas con autismo sienten y se comunican, y que incluso, muchos hablan.
"Las personas no son autistas, igual que a una persona con cáncer no se le llama cancerosa", sostiene Daniel Comin, uno de pioneros de esta reivindicación y padre de un niño con autismo que -asegura a Efe- "habla por los codos".
"La versión actual de la RAE es falsa y cuando algo es falso, afecta a la calidad de vida de las personas y a su imagen social", opina, Comin, quien recuerda que "el lenguaje puede ser muy poderoso".
En la red, que es donde se ha mantenido vivo el debate en estos años, se leen muestras de agradecimiento por la reacción de la Academia. A los más activos y pioneros de la reclamación todavía no les parece correcta la actualización y siguen solicitando cambios, además de que se informe en la versión "online" de que el término se encuentra en fase de revisión.
Otros, aprovechan la controversia lingüística, y abren debates respecto al uso peyorativo, en el lenguaje coloquial, de otras enfermedades.
Desde hace unos meses, la RAE cuenta con una unidad interactiva del Diccionario, con la dirección "unidrae@rae.es", para atender peticiones y sugerencias sobre cualquier término. También se puede conocer cómo se hace y actualiza en "http://buscon.rae.es/draeI". EFE
Las familias de niños con autismo ganan la batalla contra el Diccionario
Artículo de Ana Rodrigo
Madrid, 19 feb (EFE).- Una definición en el Diccionario no cambia la vida de miles de niños diagnosticados de autismo, pero bien vale una batalla lingüística para defender su dignidad, iniciada por un grupo de familias hace más de tres años con la Real Academia Española, que están muy cerca de ganarla.
Han conseguido el compromiso de la RAE de incluir una nueva definición de autismo en la actualización de su edición impresa, en 2014, que debe ser consensuada con las 21 Academias de la Lengua Española restantes, explica a Efe un portavoz de la institución.
En la nueva definición, se eliminaría que el síndrome esté caracterizado por "la incapacidad congénita de establecer contacto verbal y afectivo con las personas", que tanto ofende a muchas familias cuando lo leen ahora en el Diccionario, ya que recuerdan el contacto y la comunicación que mantienen "de una manera especial" con sus hijos.
A su ritmo, la Academia va adaptar su definición -que contenta más a familias y a sociedades médicas-, calificándolo como un "trastorno del desarrollo que afecta a la comunicación y a la interacción social, caracterizado por patrones de comportamiento restringidos, repetitivos y estereotipados".
"Un niño con autismo nos puede mostrar su afecto estando tranquilo o jugando de forma repetida con un juguete; tenemos que aprender a interpretar sus signos, que están escritos en un lenguaje distinto, para saber si realmente están o no están a gusto", explica a Efe el doctor Celso Arango.
Jefe del servicio de psiquiatría infantil del Gregorio Marañón y director del CIBERSAM (Centro de Investigación Biomédica en Red en el Área de Salud Mental), el especialista nos pone un ejemplo: "si a una persona adulta autista se le muere un familiar, igual no llora, ni muestra melancolía o tristeza, pero deja de dormir bien por la noches o se muestra irritado o agitado porque algo que estaba presente se ha marchado y le genera cierta ansiedad".
La batalla de las familias para eliminar la definición "incorrecta" -lideradas por plataformas como "Contra los mitos del autismo" o "AutismoDiario.org"- se ha centrado en esa idea: convencer a la RAE de que las personas con autismo sienten y se comunican, y que incluso, muchos hablan.
"Las personas no son autistas, igual que a una persona con cáncer no se le llama cancerosa", sostiene Daniel Comin, uno de pioneros de esta reivindicación y padre de un niño con autismo que -asegura a Efe- "habla por los codos".
"La versión actual de la RAE es falsa y cuando algo es falso, afecta a la calidad de vida de las personas y a su imagen social", opina, Comin, quien recuerda que "el lenguaje puede ser muy poderoso".
En la red, que es donde se ha mantenido vivo el debate en estos años, se leen muestras de agradecimiento por la reacción de la Academia. A los más activos y pioneros de la reclamación todavía no les parece correcta la actualización y siguen solicitando cambios, además de que se informe en la versión "online" de que el término se encuentra en fase de revisión.
Otros, aprovechan la controversia lingüística, y abren debates respecto al uso peyorativo, en el lenguaje coloquial, de otras enfermedades.
Desde hace unos meses, la RAE cuenta con una unidad interactiva del Diccionario, con la dirección "unidrae@rae.es", para atender peticiones y sugerencias sobre cualquier término. También se puede conocer cómo se hace y actualiza en "http://buscon.rae.es/draeI". EFE
Indefensión en el patio (post indignado)
Rocio | jueves, 26 de enero de 2012 | Etiquetas: acoso, educación, etiquetas, inclusión, indignación
El viernes me enteré, gracias a otra mamá, que el día anterior en el patio del cole, después del comedor, unos niños habían molestado a Mateo. Me cuesta describir mi rabia e indignación, el desamparo que sentí, por muchos motivos.
El primero, y muy por delante de todo, la posibilidad de que mi hijo sufra, el tener tan patente su indefensión en momentos y entornos que deberían ser seguros para él, como es el centro educativo. Y lo que en esta ocasión es "una chiquillada, si no había mala intención", como dice la directora, quién sabe si se puede convertir en algo frecuente, en acoso.
Después, la ética (o su ausencia) del personal del colegio al NO informarme del incidente... no soy persona de mala fe, pero llegado el caso, me puedo plantear que se escuden en que mi hijo aún no me puede contar lo que le ha pasado, y claro, si él no me lo cuenta y los demás se callan, no me enteraré. Y esto me parece gravísimo. Porque el hecho de que mi hijo no verbalice lo que le ha pasado no significa que no lo sienta, que no se de cuenta, que no se vea indefenso o se sienta agredido... y que además a su manera sí lo refleje, y pueda estar alterado, nervioso, asustado o desconcertado.
Y también, la inseguridad, la duda de qué formación, conocimiento y atención tienen las personas que están al cargo de los niños en las horas escolares no lectivas, si de verdad son conscientes de las circunstancias de nuestros hijos, si saben cómo deben dirigirse a ellos, y si promueven que los demás niños se relacionen con ellos de un modo natural (bueno, esto ya sé que no, pero si vigilan, que al menos sepan qué deben vigilar).
Por supuesto, acudí a hablar con la directora inmediatamente. Y claro, su visión es otra. "Chiquilladas". "Nada importante..." bueno, admite que me deberían haber informado, pero como "no había mala intención...", "no te preocupes, si vuelve a suceder algo, que lo apunten en la agenda". Lo siento, señora directora, respuesta equivocada, lo suyo sería "no te preocupes, no volverá a suceder", pero supongo que igual que yo me he enterado de que hay un grupito de niños de 6 años que "tela marinera", ella también lo sabe. ¿Y qué van a hacer? porque yo veo claro que la solución es trabajar un problema de base, es que los niños del cole conozcan a los niños del aula CyL, que los vean como compañeros, que entiendan sus dificultades y sepan que necesitan ayudan a veces, y que su indefensión sea motivo de empatía, y no de superioridad. Es un problema de EDUCACIÓN. Justo allí donde es primordial. Y no se trabaja.
Tiendo a ser positiva, desde luego lo soy respecto a mi hijo y sus posibilidades, pero en lo que soy negativa es en la respuesta de la sociedad, si estos van a ser los ciudadanos del mañana. Y cuidado, que a mi esa manera de etiquetar al grupito de niños me parece igualmente nociva. Pero claro, como los propios educadores dan por hecho que son así, pues es normal que actúen así... y seguimos dentro del círculo vicioso.
Siento el tono de desahogo de este post, pero me prometí que el blog serviría para reflejar nuestra realidad, con sus luces y sombras, que por desgracia las hay, y esta ha sido una semana de sombras. Aún es jueves, espero que mejore.
Edito y añado este párrafo porque he recibido una llamada en la que me indican que la educadora del aula CyL se siente dolida por este post. Natalia, este post no va por ti, al contrario, va porque creo que tú tampoco recibes la ayuda y apoyo que necesitarías. No obstante, espero reunirme contigo a mediodía y aclararlo, pero quiero que quede igualmente claro aquí.
El primero, y muy por delante de todo, la posibilidad de que mi hijo sufra, el tener tan patente su indefensión en momentos y entornos que deberían ser seguros para él, como es el centro educativo. Y lo que en esta ocasión es "una chiquillada, si no había mala intención", como dice la directora, quién sabe si se puede convertir en algo frecuente, en acoso.
Después, la ética (o su ausencia) del personal del colegio al NO informarme del incidente... no soy persona de mala fe, pero llegado el caso, me puedo plantear que se escuden en que mi hijo aún no me puede contar lo que le ha pasado, y claro, si él no me lo cuenta y los demás se callan, no me enteraré. Y esto me parece gravísimo. Porque el hecho de que mi hijo no verbalice lo que le ha pasado no significa que no lo sienta, que no se de cuenta, que no se vea indefenso o se sienta agredido... y que además a su manera sí lo refleje, y pueda estar alterado, nervioso, asustado o desconcertado.
Y también, la inseguridad, la duda de qué formación, conocimiento y atención tienen las personas que están al cargo de los niños en las horas escolares no lectivas, si de verdad son conscientes de las circunstancias de nuestros hijos, si saben cómo deben dirigirse a ellos, y si promueven que los demás niños se relacionen con ellos de un modo natural (bueno, esto ya sé que no, pero si vigilan, que al menos sepan qué deben vigilar).
Por supuesto, acudí a hablar con la directora inmediatamente. Y claro, su visión es otra. "Chiquilladas". "Nada importante..." bueno, admite que me deberían haber informado, pero como "no había mala intención...", "no te preocupes, si vuelve a suceder algo, que lo apunten en la agenda". Lo siento, señora directora, respuesta equivocada, lo suyo sería "no te preocupes, no volverá a suceder", pero supongo que igual que yo me he enterado de que hay un grupito de niños de 6 años que "tela marinera", ella también lo sabe. ¿Y qué van a hacer? porque yo veo claro que la solución es trabajar un problema de base, es que los niños del cole conozcan a los niños del aula CyL, que los vean como compañeros, que entiendan sus dificultades y sepan que necesitan ayudan a veces, y que su indefensión sea motivo de empatía, y no de superioridad. Es un problema de EDUCACIÓN. Justo allí donde es primordial. Y no se trabaja.
Tiendo a ser positiva, desde luego lo soy respecto a mi hijo y sus posibilidades, pero en lo que soy negativa es en la respuesta de la sociedad, si estos van a ser los ciudadanos del mañana. Y cuidado, que a mi esa manera de etiquetar al grupito de niños me parece igualmente nociva. Pero claro, como los propios educadores dan por hecho que son así, pues es normal que actúen así... y seguimos dentro del círculo vicioso.
Siento el tono de desahogo de este post, pero me prometí que el blog serviría para reflejar nuestra realidad, con sus luces y sombras, que por desgracia las hay, y esta ha sido una semana de sombras. Aún es jueves, espero que mejore.
Edito y añado este párrafo porque he recibido una llamada en la que me indican que la educadora del aula CyL se siente dolida por este post. Natalia, este post no va por ti, al contrario, va porque creo que tú tampoco recibes la ayuda y apoyo que necesitarías. No obstante, espero reunirme contigo a mediodía y aclararlo, pero quiero que quede igualmente claro aquí.
La trampa de las etiquetas
Rocio | viernes, 20 de enero de 2012 | Etiquetas: diagnóstico, duelo, etiquetas
Hay temas que flotan en el ambiente. Éste del que voy a hablar ha surgido varias veces estos días: la semana pasada charlando con Inma Cardona, ayer con Marta Montoro, por la noche en la estupenda entrada del blog de Eva Reduello, y esta mañana en el blog de Reflexiones de una Madre (Triple) Psicóloga (os recomiendo la lectura de ambos).
Esta entrada está relacionada con el duelo y la aceptación, o más bien la no aceptación, y con el nombre de las cosas, y lo escribí hace unos meses en un foro en el que hay mamás que acababan de recibir un diagnóstico sobre el desarrollo de sus hijos, aunque hoy lo incluyo aquí revisado y ampliado.
Desde que detectas que algo no marcha como debiera, empiezas a plantearte preguntas que, obviamente, necesitan respuesta. La principal es si te preocupas con motivo o si, como muchos creen (e incluso te insinúan) eres una exagerada. Si eres una exagerada, ¡qué bien! No había por qué preocuparse tanto (y el mayor perjuicio serán unos meses de algo de angustia, y el tiempo invertido en la visita a algún especialista).
Pero, generalmente, cuando una mamá empieza a expresar este tipo de dudas, es porque su instinto le dice que no se puede esperar eternamente a que se cumplan los buenos deseos de “uy, ya verás cuando empiece la guarde”, “uf, mi primo no habló hasta los 4 años y hoy es ingeniero” (personalmente he oído respuestas de este tipo, y la coletilla del ingeniero me hace especial gracia… juro que he oído coletillas similares en más de una ocasión). Yo siempre aconsejo que si de verdad estás preocupada, consultes a un especialista: no al pediatra, que NO es especialista, y de hecho muchos no tienen ni idea de los trastornos del desarrollo, por increíble que esto parezca, ni tampoco a vecinas, mamás del parque o la guarde o el cole, suegras bienintencionadas… Lo adecuado es acudir a quien de verdad te puede dar alguna respuesta fiable, es decir, un centro de atención temprana, un centro especializado en psicología del desarrollo, un psicopedagogo especializado… lamento repetirme, pero es importante: especializado
Una vez que inicias este camino, es importante saber dos cosas.
La primera: que estás haciendo lo que tienes que hacer, y además eres parte fundamental en esto, la pieza clave en ayudar a tu hijo si tiene alguna dificultad. Tu hijo sigue siendo el mismo niño maravilloso que era la semana antes de que nadie te diera un diagnóstico, y aunque es un proceso duro como madre, es importante reponerse para estar en forma lo antes posible. El diagnóstico, sea el que sea (hasta el que a otras mamás les parece nimio) siempre conlleva un duelo, y hay que pasar por ello –porque si no lo pasas antes, aparecerá después, y aquí es donde os recomiendo la lectura del blog de Reflexiones de una Madre (Triple) Psicóloga y su entrada sobre los "duelos congelados"-, pero una vez asimilado, hay que reaccionar.
La segunda: no hay UNA respuesta, hay múltiples enfoques y posibilidades, y muchas veces las respuestas están compuestas por nuevas preguntas. Por eso no hay que obsesionarse con las respuestas, ni con los diagnósticos, ni con las etiquetas. Es fundamental saber qué pasa, pero entendiendo siempre que los problemas de desarrollo, por el mero hecho de estar implicados en el desarrollo, son variables. Y más aún cuando se detectan de forma temprana. Un buen profesional nunca hará un diagnóstico cerrado (siempre y cuando no se trate de una patología de otro tipo, y aún así, el desarrollo de cada niño es distinto).
Cuando te dicen que tu hijo tiene un trastorno del desarrollo, o TEA, o rasgos de espectro autista, o retraso madurativo, o TEL, o TDAH (esto, un poco más mayores), nunca es un diagnóstico definitivo. Normalmente, hay muchos rasgos comunes que cuando son pequeños están acentuados por la dificultad de comunicarse: las rabietas, la agresividad, la falta de relación con los demás… A medida que el niño se vaya desarrollando, se irá perfilando mejor el tipo de trastorno.
¿A dónde voy a parar? A que no hay que aferrarse al nombre de las cosas, porque las cosas pueden cambiar. Puede que un diagnóstico de TEA derive en un TEL; pero ojo, esta es una vía de doble dirección, y tampoco hay que aferrarse al “me han dicho que el mío tiene un retraso simple”, y que el desarrollo resulte luego en otra cosa (que no es habitual, pero puede suceder). Lo importante, para mi, no es el nombre de lo que le pasa a mi hijo, sino lo que él logra cada día, las cosas que aprende, lo feliz que es, y de qué modo puedo yo ayudarle. Si lo que le pasa hoy se llama X, y dentro de tres años se llama Z, es lo de menos.
También tengo claro que dentro de 3 años se puede llamar Z, o seguir siendo X, pero que habrá un nombre, que no es algo que vaya a desaparecer. Mi hijo es así, evolucionará, crecerá, aprenderá, pero a su manera. Y da igual que pretendas disfrazarlo, porque si tu hijo tiene algún tipo de dificultad, la tiene, está ahí, y lo que hay que hacer es ayudarle a alcanzar cada meta, y no cegarse en minimizar el problema poniéndole nombres que asusten poco y pensando que el problema se solucionará con el tiempo... Y aquí es donde recomiendo la lectura del blog de Eva Reduello, En mi familia hay autismo y mucho más, y su entrada sobre "Autismos, no autismo".
No hay que tener miedo (ya, ya sé que parece fácil decirlo, pero sé bien de lo que hablo), hay que confiar en nosotras mismas y, sobre todo, en nuestros hijos, que seguro que nos sorprenden mucho, muchísimo más de lo que podamos imaginar.
La intervención que se realiza a niños por debajo de los 6 años (de hecho, entre los 2 y los 3 años, que es cuando más casos se detectan actualmente) es parecida, tanto en casos de TGD, como TEL, TEA, etc. sobre todos porque, sea cual sea el diagnóstico, la intervención se adecua a cada niño. Así que la “etiqueta” es lo de menos: en unos papeles pone TGD, en otros TEA... en mi corazón sólo pone, y siempre va a poner, M A T E O.
Esta entrada está relacionada con el duelo y la aceptación, o más bien la no aceptación, y con el nombre de las cosas, y lo escribí hace unos meses en un foro en el que hay mamás que acababan de recibir un diagnóstico sobre el desarrollo de sus hijos, aunque hoy lo incluyo aquí revisado y ampliado.
Desde que detectas que algo no marcha como debiera, empiezas a plantearte preguntas que, obviamente, necesitan respuesta. La principal es si te preocupas con motivo o si, como muchos creen (e incluso te insinúan) eres una exagerada. Si eres una exagerada, ¡qué bien! No había por qué preocuparse tanto (y el mayor perjuicio serán unos meses de algo de angustia, y el tiempo invertido en la visita a algún especialista).
Pero, generalmente, cuando una mamá empieza a expresar este tipo de dudas, es porque su instinto le dice que no se puede esperar eternamente a que se cumplan los buenos deseos de “uy, ya verás cuando empiece la guarde”, “uf, mi primo no habló hasta los 4 años y hoy es ingeniero” (personalmente he oído respuestas de este tipo, y la coletilla del ingeniero me hace especial gracia… juro que he oído coletillas similares en más de una ocasión). Yo siempre aconsejo que si de verdad estás preocupada, consultes a un especialista: no al pediatra, que NO es especialista, y de hecho muchos no tienen ni idea de los trastornos del desarrollo, por increíble que esto parezca, ni tampoco a vecinas, mamás del parque o la guarde o el cole, suegras bienintencionadas… Lo adecuado es acudir a quien de verdad te puede dar alguna respuesta fiable, es decir, un centro de atención temprana, un centro especializado en psicología del desarrollo, un psicopedagogo especializado… lamento repetirme, pero es importante: especializado
Una vez que inicias este camino, es importante saber dos cosas.
La primera: que estás haciendo lo que tienes que hacer, y además eres parte fundamental en esto, la pieza clave en ayudar a tu hijo si tiene alguna dificultad. Tu hijo sigue siendo el mismo niño maravilloso que era la semana antes de que nadie te diera un diagnóstico, y aunque es un proceso duro como madre, es importante reponerse para estar en forma lo antes posible. El diagnóstico, sea el que sea (hasta el que a otras mamás les parece nimio) siempre conlleva un duelo, y hay que pasar por ello –porque si no lo pasas antes, aparecerá después, y aquí es donde os recomiendo la lectura del blog de Reflexiones de una Madre (Triple) Psicóloga y su entrada sobre los "duelos congelados"-, pero una vez asimilado, hay que reaccionar.
La segunda: no hay UNA respuesta, hay múltiples enfoques y posibilidades, y muchas veces las respuestas están compuestas por nuevas preguntas. Por eso no hay que obsesionarse con las respuestas, ni con los diagnósticos, ni con las etiquetas. Es fundamental saber qué pasa, pero entendiendo siempre que los problemas de desarrollo, por el mero hecho de estar implicados en el desarrollo, son variables. Y más aún cuando se detectan de forma temprana. Un buen profesional nunca hará un diagnóstico cerrado (siempre y cuando no se trate de una patología de otro tipo, y aún así, el desarrollo de cada niño es distinto).
Cuando te dicen que tu hijo tiene un trastorno del desarrollo, o TEA, o rasgos de espectro autista, o retraso madurativo, o TEL, o TDAH (esto, un poco más mayores), nunca es un diagnóstico definitivo. Normalmente, hay muchos rasgos comunes que cuando son pequeños están acentuados por la dificultad de comunicarse: las rabietas, la agresividad, la falta de relación con los demás… A medida que el niño se vaya desarrollando, se irá perfilando mejor el tipo de trastorno.
¿A dónde voy a parar? A que no hay que aferrarse al nombre de las cosas, porque las cosas pueden cambiar. Puede que un diagnóstico de TEA derive en un TEL; pero ojo, esta es una vía de doble dirección, y tampoco hay que aferrarse al “me han dicho que el mío tiene un retraso simple”, y que el desarrollo resulte luego en otra cosa (que no es habitual, pero puede suceder). Lo importante, para mi, no es el nombre de lo que le pasa a mi hijo, sino lo que él logra cada día, las cosas que aprende, lo feliz que es, y de qué modo puedo yo ayudarle. Si lo que le pasa hoy se llama X, y dentro de tres años se llama Z, es lo de menos.
También tengo claro que dentro de 3 años se puede llamar Z, o seguir siendo X, pero que habrá un nombre, que no es algo que vaya a desaparecer. Mi hijo es así, evolucionará, crecerá, aprenderá, pero a su manera. Y da igual que pretendas disfrazarlo, porque si tu hijo tiene algún tipo de dificultad, la tiene, está ahí, y lo que hay que hacer es ayudarle a alcanzar cada meta, y no cegarse en minimizar el problema poniéndole nombres que asusten poco y pensando que el problema se solucionará con el tiempo... Y aquí es donde recomiendo la lectura del blog de Eva Reduello, En mi familia hay autismo y mucho más, y su entrada sobre "Autismos, no autismo".
No hay que tener miedo (ya, ya sé que parece fácil decirlo, pero sé bien de lo que hablo), hay que confiar en nosotras mismas y, sobre todo, en nuestros hijos, que seguro que nos sorprenden mucho, muchísimo más de lo que podamos imaginar.
La intervención que se realiza a niños por debajo de los 6 años (de hecho, entre los 2 y los 3 años, que es cuando más casos se detectan actualmente) es parecida, tanto en casos de TGD, como TEL, TEA, etc. sobre todos porque, sea cual sea el diagnóstico, la intervención se adecua a cada niño. Así que la “etiqueta” es lo de menos: en unos papeles pone TGD, en otros TEA... en mi corazón sólo pone, y siempre va a poner, M A T E O.
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