El viernes me enteré, gracias a otra mamá, que el día anterior en el patio del cole, después del comedor, unos niños habían molestado a Mateo. Me cuesta describir mi rabia e indignación, el desamparo que sentí, por muchos motivos.
El primero, y muy por delante de todo, la posibilidad de que mi hijo sufra, el tener tan patente su indefensión en momentos y entornos que deberían ser seguros para él, como es el centro educativo. Y lo que en esta ocasión es "una chiquillada, si no había mala intención", como dice la directora, quién sabe si se puede convertir en algo frecuente, en acoso.
Después, la ética (o su ausencia) del personal del colegio al NO informarme del incidente... no soy persona de mala fe, pero llegado el caso, me puedo plantear que se escuden en que mi hijo aún no me puede contar lo que le ha pasado, y claro, si él no me lo cuenta y los demás se callan, no me enteraré. Y esto me parece gravísimo. Porque el hecho de que mi hijo no verbalice lo que le ha pasado no significa que no lo sienta, que no se de cuenta, que no se vea indefenso o se sienta agredido... y que además a su manera sí lo refleje, y pueda estar alterado, nervioso, asustado o desconcertado.
Y también, la inseguridad, la duda de qué formación, conocimiento y atención tienen las personas que están al cargo de los niños en las horas escolares no lectivas, si de verdad son conscientes de las circunstancias de nuestros hijos, si saben cómo deben dirigirse a ellos, y si promueven que los demás niños se relacionen con ellos de un modo natural (bueno, esto ya sé que no, pero si vigilan, que al menos sepan qué deben vigilar).
Por supuesto, acudí a hablar con la directora inmediatamente. Y claro, su visión es otra. "Chiquilladas". "Nada importante..." bueno, admite que me deberían haber informado, pero como "no había mala intención...", "no te preocupes, si vuelve a suceder algo, que lo apunten en la agenda". Lo siento, señora directora, respuesta equivocada, lo suyo sería "no te preocupes, no volverá a suceder", pero supongo que igual que yo me he enterado de que hay un grupito de niños de 6 años que "tela marinera", ella también lo sabe. ¿Y qué van a hacer? porque yo veo claro que la solución es trabajar un problema de base, es que los niños del cole conozcan a los niños del aula CyL, que los vean como compañeros, que entiendan sus dificultades y sepan que necesitan ayudan a veces, y que su indefensión sea motivo de empatía, y no de superioridad. Es un problema de EDUCACIÓN. Justo allí donde es primordial. Y no se trabaja.
Tiendo a ser positiva, desde luego lo soy respecto a mi hijo y sus posibilidades, pero en lo que soy negativa es en la respuesta de la sociedad, si estos van a ser los ciudadanos del mañana. Y cuidado, que a mi esa manera de etiquetar al grupito de niños me parece igualmente nociva. Pero claro, como los propios educadores dan por hecho que son así, pues es normal que actúen así... y seguimos dentro del círculo vicioso.
Siento el tono de desahogo de este post, pero me prometí que el blog serviría para reflejar nuestra realidad, con sus luces y sombras, que por desgracia las hay, y esta ha sido una semana de sombras. Aún es jueves, espero que mejore.
Edito y añado este párrafo porque he recibido una llamada en la que me indican que la educadora del aula CyL se siente dolida por este post. Natalia, este post no va por ti, al contrario, va porque creo que tú tampoco recibes la ayuda y apoyo que necesitarías. No obstante, espero reunirme contigo a mediodía y aclararlo, pero quiero que quede igualmente claro aquí.
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Indefensión en el patio (post indignado)
Rocio | jueves, 26 de enero de 2012 | Etiquetas: acoso, educación, etiquetas, inclusión, indignación
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